Emprendimiento, talento joven, marketing

Entrevista a Sara Romero: «El verdadero lujo está en conectar con las personas, no con los algoritmos»

A sus 27 años, Sara Romero ha desarrollado gran parte de su trayectoria profesional en Londres, donde descubrió que las marcas más memorables no son necesariamente las que más comunican, sino las que consiguen despertar emociones. Con esta filosofía nace The Human Luxury, un proyecto que reivindica la autenticidad, las experiencias y las relaciones humanas en un mundo cada vez más dominado por la tecnología y la inteligencia artificial.

Con solo 27 años has desarrollado prácticamente toda tu carrera en Londres. ¿Cómo comenzó esa aventura?

Con 18 años me fui a estudiar Media and Communications en University of the Arts London. Mi intención inicial era estudiar allí, pero me enamoré de la ciudad y terminé quedándome ocho años. Londres me ha permitido trabajar con empresas de sectores y culturas muy diferentes y asumir responsabilidades desde muy joven. También me obligó a adaptarme, conocer personas distintas y construir mi vida desde cero. Esa experiencia ha influido muchísimo en mi forma de entender las marcas y las personas.

¿Qué te llevó a crear The Human Luxury?

Sentía que el marketing se estaba volviendo cada vez más automatizado: más datos, algoritmos, contenido y presión por estar presentes en todas partes. Todo eso tiene valor, pero por el camino estábamos perdiendo algo esencial: la parte humana de las marcas. The Human Luxury nace para recuperar esa conexión auténtica, orgánica e intencional. Porque una marca no es solo lo que comunica, sino cómo te hace sentir y lo que recuerdas de ella.

¿Por qué elegiste ese nombre?

Porque muchas cosas que antes dábamos por sentadas empiezan a convertirse en un lujo. Que alguien te escuche de verdad, una conversación sin mirar el móvil, un servicio personalizado o un detalle pensado especialmente para ti. Cuanto más automatizado sea nuestro mundo, más valor tendrán esos pequeños gestos. No hablo necesariamente de lujo económico, sino del valor de lo genuinamente humano.

¿Qué diferencia tu propuesta del marketing convencional?

Busco que las marcas entiendan primero quiénes son y con quién quieren conectar. A partir de ahí, podemos trabajar experiencias sensoriales, eventos, colaboraciones, comunidades o pequeños detalles en el recorrido del cliente. No se trata de rechazar la tecnología, sino de utilizarla sin que sustituya la identidad, la creatividad o el criterio humano.

¿Crees que la inteligencia artificial está cambiando nuestra percepción de la autenticidad?

Muchísimo. Hoy podemos generar una imagen perfecta, un texto o una campaña en segundos. Producir es cada vez más fácil, pero producir por producir tiene menos valor. El verdadero reto está en el criterio y la intención. Cuanto más perfecta y automatizada se vuelva la tecnología, más valoraremos lo espontáneo, lo imperfecto y aquello en lo que reconocemos a una persona real. Para mí, la inteligencia artificial no resta valor a lo humano; al contrario, lo hace todavía más valioso.

Defiendes que las marcas no necesitan hablar más, sino conectar mejor. ¿Cómo se consigue?

Siendo mucho más intencionales. Una persona puede ver una marca veinte veces y no sentir absolutamente nada. Hay que entender qué le importa a nuestra audiencia, dónde tiene sentido aparecer y qué queremos que se lleve de esa interacción. A veces será una campaña digital; otras, una experiencia, una conversación o un pequeño detalle. No existe una fórmula única.

¿Qué papel desempeñan las emociones y los sentidos en esa conexión?

Son fundamentales. Un olor puede transportarte a un lugar, una canción a una etapa de tu vida o un sabor a una persona. Con las marcas sucede algo parecido. Una experiencia puede transformar completamente nuestra percepción porque existe una diferencia enorme entre que una marca te diga quién es y que tú lo experimentes. Las mejores experiencias no tienen por qué ser espectaculares; deben estar bien pensadas y despertar una emoción auténtica.

Como integrante de la generación Z, ¿crees que los jóvenes os relacionáis de otra manera con las marcas?

Hemos crecido rodeados de publicidad, redes sociales e infinitas opciones. Por eso detectamos rápidamente cuándo algo resulta forzado o excesivamente comercial. Valoramos las recomendaciones, las comunidades y las marcas con personalidad propia. No necesitamos que una empresa imite nuestra manera de hablar para conectar con nosotros. Preferimos que sea coherente con su identidad y nos permita participar en la conversación.

¿Qué significa para ti que una marca tenga éxito?

No consiste únicamente en conseguir visibilidad o una venta, sino en lograr que las personas te elijan y, sobre todo, vuelvan a elegirte. Una marca fuerte ocupa un lugar propio en la mente y, de alguna manera, también en la vida de su audiencia. La confianza se construye con coherencia entre lo que dices y lo que haces.

Y, en lo personal, ¿qué significa hoy el verdadero lujo para ti?

Tiempo, libertad y presencia. Poder viajar, compartir una comida larga sin prisas, disfrutar de las personas que quiero o elegir cómo utilizar mi tiempo. Me gustan las cosas bonitas, por supuesto, pero muchas de las experiencias que más enriquecen nuestra vida no son necesariamente las que más cuestan. Quizá el verdadero lujo sea poder estar presentes y disfrutar del momento sin pensar inmediatamente en lo siguiente.