Entrevista Yolanda Mesa, directora de la oficina de GILMAR en Santo Domingo.
Con más de 25 años de trayectoria en GILMAR, Yolanda Mesa dirige actualmente la oficina de la compañía en Santo Domingo, una de las zonas residenciales más consolidadas del norte de Madrid. Su carrera dentro de la empresa ha pasado por distintos departamentos, desde el área tecnológica hasta la actividad comercial. Hoy lidera un equipo especializado en un mercado donde el conocimiento local y la cercanía con el cliente son fundamentales. Para ella, el trabajo inmobiliario va mucho más allá de la compraventa de viviendas: consiste en acompañar y ayudar a las personas en decisiones que suelen tener un importante componente emocional.
Una trayectoria larga dentro de la misma empresa
La Moraleja Magazine.- Llevas más de dos décadas vinculada a GILMAR. ¿Cómo ha sido esa evolución profesional?
Yolanda Mesa.- Toda mi vida profesional ha transcurrido en Gilmar. Empecé en la empresa hace más de 25 años y he pasado por varios departamentos. Comencé siendo la coordinadora administrativa en la oficina de La Moraleja, después me hice cargo del departamento informático, en el que diseñé y programé la primera página web que tuvo GILMAR, y más tarde puse en marcha el departamento de servicios postventa. Con el tiempo me fui orientando hacia el área más comercial, hasta llegar a la dirección de una oficina.
Liderar un equipo hoy: conocimiento y cercanía
LMM.- ¿Qué significa para ti liderar una oficina como la de Santo Domingo?
Y.M.- Para mí es un privilegio, pero también una gran responsabilidad. Esta zona tiene una identidad propia muy marcada, es una comunidad familiar, los vecinos se conocen por su nombre, e incluso confluyen varias generaciones de una misma familia. Esto exige un compromiso a largo plazo que no termina al escriturar la vivienda.
Dirigir una oficina inmobiliaria es una combinación de liderazgo, basado en el ejemplo, experiencia, conocimiento y aprendizaje constante, sin olvidarnos de la vocación y orientación al cliente.
Hoy un director tiene que ser una pieza más del equipo. Debe conocer bien el trabajo de cada persona para poder ayudar cuando haga falta y que el trabajo se haga de forma correcta.
Aprender constantemente
LMM.- Insistes mucho en la importancia de la formación.
Y.M.- Sí, para mí es fundamental. Este es un sector en el que nunca dejas de aprender.
El aprendizaje continuo te da seguridad cuando hablas con un cliente. Cuando alguien se sienta frente a ti tiene que percibir que eres un profesional que conoce el mercado y que puede asesorarle con criterio. Esa confianza es clave en nuestro trabajo.
La singularidad de Santo Domingo
LMM.- ¿Qué tiene de especial esta zona residencial?
Y.M.- Lo primero es la calidad de vida. Estás a apenas quince minutos del centro de Madrid, pero viviendo en un entorno natural, tranquilo y con una sensación de comunidad muy fuerte.
Es una zona donde muchas familias llevan años viviendo. De hecho, es muy habitual que hijos de vecinos que crecieron aquí vuelvan después para comprar su propia casa. Eso demuestra el vínculo que se genera con el entorno.
Además, las urbanizaciones ofrecen muchos servicios, centro comercial, club social, hípica, golf, restaurantes, colegios cercanos y un estilo de vida muy cómodo para las familias.
Un mercado con demanda constante
LMM.- ¿Cómo describirías el momento actual del mercado inmobiliario en esta zona?
Y.M.- Ahora mismo la demanda es muy alta y hay más compradores que vendedores. La oferta de suelo es muy escasa, la mano de obra, los materiales, hacen que la oferta sea insuficiente y esto repercute de manera directa en los precios de obra nueva y segunda mano.
Las viviendas más buscadas suelen ser chalets independientes o pareados con jardín. Muchas personas quieren disfrutar de esa calidad de vida de las urbanizaciones, pero manteniendo una buena conexión con Madrid.
A la hora de comprar, los clientes suelen valorar tres aspectos principales: la calidad de vida, una inversión sólida y la financiación necesaria para ello.
El valor humano del asesor inmobiliario
LMM.- Muchas veces se simplifica el trabajo inmobiliario como una mera intermediación. ¿Es realmente así?
Y.M.- No, en absoluto. Vender una casa es mucho más que “vender algo”. Estamos hablando de un hogar, de un proyecto de vida, y eso tiene un componente emocional muy fuerte.
Nuestro trabajo consiste en entender la situación del cliente y acompañarle en todo el proceso. No tiene la misma situación una persona que vende su casa porque se traslada por trabajo, que una persona que está pasando un proceso de separación, o alguien para quien la vivienda ya no se adecua a sus necesidades.
Recuerdo con emoción el agradecimiento de muchos clientes. Eso demuestra que este trabajo también tiene una dimensión muy humana.
La propuesta de valor de GILMAR
LMM.- ¿Qué diferencia a GILMAR de otras empresas del sector?
Y.M.- Destacaría tres aspectos. El primero es la experiencia: llevamos más de 40 años en el sector. El segundo es la estructura de la empresa, con una red muy amplia de clientes y oficinas. Y el tercero, que para mí es fundamental, es el servicio integral. Un cliente que entra por la puerta puede recibir un asesoramiento completo en todo el proceso, no sólo a nivel comercial, también a nivel jurídico, fiscal, técnico y ayudarles con la reforma, la decoración, la mudanzas o incluso la gestión de alquileres. Y además seguimos acompañando al cliente después, y eso genera relaciones de largo plazo.
Una definición en tres palabras
LMM.- Si tuvieras que definir Santo Domingo en tres palabras…
Y.M.- Lo tengo claro: calidad de vida, comunidad y visión.
GILMAR Santo Domingo
Avenida del Guadalix 37, local 11,
Centro Comercial Santo Domingo, Madrid | T: 91 623 66 50
“Vender una vivienda, es más que una transacción inmobiliaria, es acompañar y ayudar en una decisión clave en la vida”

