¿Qué pinta Sigmar Polke en el Museo del Prado?
En mayo de 1963 cuatro artistas germanos —Gerhard Richter, Sigmar Polke, Konrad Lueg y Manfred Kuttner— se lanzan a la aventura del posteriormente llamado Realismo Capitalista (una tendencia dentro de la corriente pop que utilizaba el lenguaje publicitario como un anti-estilo artístico ligado al capitalismo y a la sociedad de consumo y una ironía frente al Realismo socialista soviético). Una carnicería abandonada en los suburbios de Düsseldorf se convierte en el escenario de su peculiar Demostración para un realismo capitalista, la primera performance urbana de corte pop y lanzadera de esta nueva corriente que pronto se extendió hasta Frankfurt, Munich y Berlín.
Para Sigmar Polke (1941-2010), el experimento fue el hilo conductor de toda su trayectoria artística. Experimentaba con los materiales (uranio, polvo de meteorito, telas brillantes, hollín, esmalte, incluso plástico de burbujas), con la temática, con la composición, con los soportes y con la técnica. Pintura, fotografía y cine, instalaciones o grabados…, la obra de Polke era sobre todo una crítica al arte en sí mismo y un diálogo constante entre él y el espectador. A veces velados y a veces desafiantes, los mensajes que refleja en sus trabajos obligan a reflexionar sobre las convenciones estéticas, políticas y sociales.
Hoy, sus cuadros más famosos se exhiben en innumerables museos de arte contemporáneo como el Hirshhorn (Washington DC), la Fundación Glenstone (Potomac, Maryland), la Michael Werner Gallery (Berlín), el Museum Ludwig (Colonia) o el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Y, aunque pueda resultar insólito (lo es, en realidad) toparse con la obra de un artista como Polke en un museo como el Prado, desde el pasado 25 de noviembre, cuelga también en las salas C y D del edificio Jerónimos del Museo del Prado.
Y se preguntarán, ¿qué pinta Polke —un señor alemán, pionero del Realismo Capitalista, disruptivo, criticón, anárquico e irreverente— junto a los cuadros de Goya?
Para desentrañar el enigma, debemos retroceder hasta 1982. Aquel año, el artista alemán se topa con la de la pintura que le iba a obsesionar durante el resto de su vida: Las viejas o El Tiempo. Y no sólo. El cuadro del maestro de Fuendetodos determinaría para siempre los motivos, la técnica y los criterios compositivos de Polke.
En el análisis con rayos X de esta obra, descubrió mucho más de lo que su intuición le había llevado a buscar. La radiografía muestra detalles insospechados de una pintura anterior bajo las dos ancianas decrépitas y el Cronos implacable a punto de borrarlas del mapa: en la parte superior izquierda se identifica con claridad una “Resurrección de Cristo”, rodeada de pequeñas nubes algodonosas en cuyo interior se vislumbran las ánimas.
Tal revelación conecta a Polke con una de sus más íntimas creencias vinculadas con lo paranormal y su interpretación de las obras de arte más como eventos
fenomenológicos que como realidades cerradas y completas. La investigación iconográfica de Sigmar Polke sobre el cuadro alcanzó detalles sorprendentes, como el conjunto de joyas que adornan a la dama de blanco, las pelucas que camuflan la calvicie de la pareja o el espejo que sostiene la dama de compañía.
La influencia de Goya en Polke y la complicidad que este siente hacia aquel abarca especialmente tres ámbitos: por un lado, el personaje y su circunstancia artística, política y social; por otro, la iconografía objetual y antropomórfica que aparece tanto en Las viejas como en su radiografía y, finalmente, la factura concreta del cuadro. Y, al igual que el maestro aragonés, no sólo vivió la desaparición de una época y la transición a otra radicalmente opuesta, también desafió todas las convicciones y convenciones culturales establecidas.
Sigmar Polke. Afinidades desveladas
Para subrayar el particular vínculo entre Polke y Goya, el Museo del Prado acoge esta singular exposición Sigmar Polke. Afinidades desveladas. Se trata de la primera muestra individual del pintor germano en Madrid y propone un interesante diálogo entre la trayectoria creativa de Polke y la huella indeleble que Francisco de Goya imprimió en su obra y en su pensamiento. Comisariada por Gloria Moure, reúne más de cuarenta piezas del artista alemán —pinturas, fotografías y dibujos— junto al magnífico cuadro Las viejas o El Tiempo (1810-12), de Francisco de Goya, procedente del Museo de Lille. El cuadro se presenta junto a la radiografía que tanto supuso en la estética artística de Polke.
La exposición no se desarrolla de un modo cronológico, sino a través de conceptos que atraviesan el tiempo, entrecruzándose con el uso de las diversas técnicas, poniendo de manifiesto la complejidad creativa de uno de los artistas fundamentales en nuestro tiempo. El recorrido une los legados de dos grandes maestros creando un diálogo entre la experimentación formal de Polke y la carga simbólica de la obra de Goya.
Exposición temporal en el museo del Prado hasta el próximo 16 de Marzo